Rebecca Solnit, una historia del caminar

La literatura sobre el caminar es prácticamente masculina. Sin embargo es una mujer quien mejor ha escrito sobre la historia del caminar y sobre la experiencia en sí misma. Estamos hablando de la escritora y activista norteamericana Rebecca Solnit (Bridgeport, 1961). Así como Susan Sontag consideró en algún momento escribir un libro sólo de citas en homenaje a Walter Benjamin y su maleta a rebosar de hojas plagadas de notas, fragmentos y citas que luego se editarían post-mortem hasta convertirse en la monumental obra Libro de los pasajes. Nosotros hacemos el mismo ejercicio con los extraordinarios textos de Rebecca Solnit quien al igual que Benjamin reflexiona sobre el ser humano y sus contradicciones a partir de las deambulaciones por la ciudad.

Por esta razón este capítulo dedicado a Rebecca Solnit son fragmentos aparentemente inconexos de su libro Una historia del caminar, una deriva ensayística que quizá no lleve a ninguna parte, salvo al hecho de que una mujer sepa mejor que nadie moverse en una ciudad y entre sus caminantes históricos. Da que pensar.

La ciudad

“La historia del caminar tanto rural como urbano es una historia de la libertad y de la definición de placer, pero el caminar rural siempre ha encontrado un imperativo moral en el amor por la naturaleza que le ha permitido defender y abrir la campiña. El caminar urbano ha sido siempre tan oscuro que fácilmente ha derivado en prostitución, ligoteo, paseo, compras, desórdenes, manifestaciones, fisgoneo y otras actividades que, aunque placenteras, dificilmente alcanzan la altura moral del gusto por la naturaleza (Solnit, 2015, p. 258-259)”.

Tener calle

“La misma palabra calle tiene una resonancia sucia, ruda, que aúna lo bajo, lo vulgar, lo erótico, lo peligroso, lo revolucionario. (…) Se dice que tiene calle quien sabe manejarse y sobrevivir en la ciudad y «¡A las calles!» Es el clásico grito de revolución urbana, porque en las calles es donde la gente se transforma en pueblo y donde reside su poder (Solnit, 2015, p. 262)”.

El flâneur

“El flâneur surgió en París, dice Benjamin, a comienzos del s. XIX, en un periodo en que la ciudad se había vuelto tan grande y compleja que resultaba por primera vez extraña para sus habitantes. (…) La multitud en sí misma parecía ser algo nuevo en la experiencia humana -una masa de extraños que no dejaban de ser extraños- y el flâneur  representaba un nuevo tipo, uno que se sentía, por decirlo de algún modo, como en su casa en esta alienación: «La multitud es su dominio, como el aire es el dominio de las aves y el agua de los peces», escribió Baudelaire en un famoso párrafo con que suele definir a los flâneurs. «Su pasión y su profesión es mezclarse con la multitud. Para el ocioso perfecto, para el observador apasionado, se vuelve una enorme fuente de gozo asentar su habitación entre el gentío, en el ir y venir, el ajetreo, lo fugaz y lo infinito. Estar lejos de casa y a la vez sentirse en casa en cualquier lugar»(Solnit, 2015, p. 294)”.

Las mujeres

“Los hombres siempre han podido caminar por la calle sin mayores problemas. Las mujeres han sido castigadas e intimidadas por intentar hacer efectiva la más simple de las libertades, salir a caminar (Solnit, 2015, p. 342)”.

«Haber nacido mujer es una horrible tragedia — escribió Sylvia Plath en su diario a los diecinueve años —. Sí, mi deseo incontenible de mezclarme con camioneros, marineros y soldados, parroquianos, mi deseo de formar parte de una escena, anónima, escuchando, apuntando en mi memoria, todo ello termina siendo arruinado por el hecho de ser chica, una fémina siempre en peligro de ser asaltada y agredida. Mi interés incontenible por los hombres y sus vidas suele ser malentendido como un deseo de seducirlos o como una invitación a tener un momento íntimo con ellos. Sí, Dios, quiero hablar con todo el mundo lo más profundamente que pueda. Quiero ser capaz de dormir en un campo abierto, viajar hacia el oeste, caminar libremente de noche». “Al parecer Plath se interesó por los hombres por la misma razón por la que le pesaba la imposibilidad de investigarlos, porque su mayor libertad hacía sus vidas más interesantes para una mujer joven que empezaba a salir por su cuenta (Solnit, 2015, p. 342)”.

“Las medidas legales, lo valores tradicionales suscritos tanto por hombres como mujeres y la amenaza implícita del acoso sexual y la violación misma han limitado la posibilidad de las mujeres de caminar por donde y cuando quieran. (Las ropas y las limitaciones corporales de las mujeres — tacones altos, zapatos apretados o frágiles, corsés y fajas, faldas estrechas, tejidos débiles, velos que oscurecen la visión— son elementos de los valores tradicionales que han perjudicado a las mujeres de manera tan efectiva como las leyes y los miedos) (Solnit, 2015, pp. 342-343)”.

 

Bibliografía

  1. Solnit, Rebecca, 2017. A field guide to getting lost. Edinburgh: Canongatebooks, pp. 3-211.
  2. Solnit, Rebecca, 2015. Wanderlust, una historia del caminar. Madrid: Capitán Swing, pp. 6-463.